El pasado fin de semana, el mundo asistió a un momento histórico que, hasta hace poco, fisiólogos/as y expertos/as en el ser humano consideraban biológicamente imposible. Por primera vez en una competición oficial, el ser humano detuvo el cronómetro por debajo de las dos horas en la distancia histórica del maratón.
Sin embargo, estos hitos no son solo el triunfo de la genética; son el resultado de una «tormenta perfecta» donde la biomecánica, la nutrición de vanguardia y la ciencia de materiales han convergido para expandir los límites de lo que creíamos biológicamente posible. Así, se cambió la historia del atletismo en tres exhibiciones históricas de fuerza física, avances de la ciencia y precisión técnica. El keniano Sebastian Sawe se convirtió en el primer ser humano en bajar de las dos horas en un maratón oficial, seguido por Kejelcha, en el mejor debut de la historia en la distancia; mientras que Tigst Assefa batió el récord mundial femenino en un maratón integro de mujeres.
La distancia de 42,195 kilómetros no nació de una medición científica ni de forma aleatoria, sino de una mezcla de épica y protocolo que se conoce como una leyenda que ha llegado hasta nuestros días. Se sitúa su origen en la gesta de Filípides, quien en el 490 a.C. habría corrido desde las llanuras de Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria griega sobre el ejército invasor persa. Con esta distancia, el maratón ha sido el laboratorio preferido y definitivo para estudiar la resistencia humana.
Uno de las mayores limitaciones del rendimiento en el maratón es el suministro de energía y las reservas de carbohidratos almacenada. Tradicionalmente, el sistema digestivo humano presentaba un «techo» de absorción de unos 60-90 gramos de carbohidratos por hora como ingesta durante la prueba. Aunque, igual que la parte física también necesita entrenamiento previo y una carga mayor y específica durante los días previos a la competición, la introducción de la tecnología con base científica de los suplementos y el control nutricional de carbohidratos y nutrición ha permitido elevar esta cifra hasta los 120 gramos durante la prueba. El equipo de expertos/as de nutrición de los atletas indica que es clave la planificación de la nutrición durante la prueba, así como obtener informes de su ingesta media de carbohidratos por hora para obtener previamente sus necesidades. Este suministro permite mantener el ritmo durante las últimas etapas de la prueba, denominado en la jerga “un combustible de precisión”.
Otro de los avances determinantes es el calzado y su evolución. La denominada la economía de carrera define así la eficiencia energética, es decir, el ahorro de oxígeno que un calzado proporciona al corredor mediante la reducción del coste metabólico en cada zancada realizada. Las zapatillas que usan los corredores de élite son capaces de almacenar y devolver más energía gracias al efecto rebote. No obstante, según Connick en The Conversation, los investigadores observan que esta interacción entre zapatillas y atletas difiere a causa de dos criterios: el rebote y la dinamina de la pisada y zancadilla.
Ahora bien, la resistencia del aire durante esta distancia y a los ritmos que se llevaron a cabo (más de 21 km/h) también es objeto de estudio para la ciencia. Para combatir esto, existen unos perfiles llamados liebres o pacers que son corredores contratados para marcar el ritmo la primera parte de la carrera ayudando a otros atletas. Las liebres optimizan el gasto energético por el efecto aerodinámico, reducen la carga cognitiva y mejoran la eficiencia metabólica de los atletas.
Dicho todo esto, el récord de Tigst Assefa merece una mención destacada. Su marca no es solo un récord, sino una incursión en territorios que la fisiología deportiva apenas está empezando a mapear en mujeres. Los estudios sobre el ciclo hormonal, la densidad ósea y la eficiencia termorreguladora específica del cuerpo femenino están permitiendo entrenamientos mucho más individualizados y efectivos.
La ciencia proporciona las herramientas para que el potencial biológico brille sin las trabas de un equipo ineficiente. Desde la Casa de la Ciencia, celebramos estos récords como un triunfo del conocimiento aplicado.
Por Isabel Robles.